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ORIOLES: STRIKE TRHEE!

Por Roberto Rodríguez de Aragón
Miami en Exilio, 9 de mayo de 1999.

Ha sido para el Base Ball de los Estados Unidos de América un manchón imborrable la sumisión de Mr. Peter Angelo, propietario de los Orioles del Baltimore, por la alianza que ha establecido con el asesino convicto y tirano de Cuba. No se puede culpar a los jugadores de este conjunto por la actitud asumida por su propietario. "El que paga manda" y ellos son jugadores profesionales bajo contrato y, por cierto, es la tercera nómina más alta de las grandes ligas. Mr. Angelo se aprovechó de un día de descanso que tienen a la semana todos los teams, tan necesario en una temporada de seis meses, jugando casi diariamente. Además, rompiendo la tradición de ambas ligas, celebró este encuentro en pleno desarrollo de la temporada. Nos estamos refiriendo al segundo juego efectuado en la ciudad de Baltimore el pasado 3 de mayo. AMBOS JUEGOS, CON LA NOVENA DEL TIRANO, son una bofetada en pleno rostro a todos los amantes de la libertad y la democracia. Tradicionalmente, antes del fidelato, los equipos de grandes ligas, durante la temporada de entrenamiento, iban con frecuencia a celebrar juegos de práctica a nuestra Patria. Los Dodgers de Brooklyn (hoy Los Angeles), más de un entrenamiento de primavera lo hicieron en La Habana. Recordamos a nuestro amigo Monchy de Arcos (q.e.p.d.), trabajando en la organización en aquella época, con mucha responsabilidad y profesionalismo, en su condición de Secretario Ejecutivo de los Dodgers.

En representación de la JUNTA PATRIOTICA CUBANA, salimos para Baltimore muy temprano, en la mañana del lunes 3 de mayo, la Sra. Olivia Borges Vda. de Varona; el Sr. Francisco Míguez, delegado de los Leones Cubanos en el Exilio; el    Sr. Rodolfo Capote (Presidente de la Asociación de Ex-presas y Ex-presos Políticos Cubanos y el que esto escribe. Allí nos esperaba una representación de la J.P.C. en esa área que preside el Dr. Luis Queral. Rápidamente nos trasladamos a su hogar donde -en compañía de su distinguida esposa, la Sra. Eva Queral-, fuimos atendidos. Allí se nos unió Hugo Arza Jr. -con el mismo dinamismo y patriotismo de su padre-, que viajó desde Filadelfia, donde está terminando la carrera de abogado. Después de ser entrevistados por medios noticiosos, salimos para el monumento de José Martí, el cual fue inaugurado el pasado año gracias a la perseverancia del Dr. Queral y un grupo de desterrados que viven en esa ciudad. Situado en una doble y céntrica avenida, sobre un pedestal de granito, descansa un busto de Martí, rodeado de ladrillos refractarios con el nombre de los diferentes donantes que costearon el proyecto. Más de trescientos compatriotas cantamos los himnos y colocamos una ofrenda floral con la Bandera Cubana. De allí, en caravana, partimos hacia el Stadium en los momentos que hacían su entrada ómnibus procedentes de New Jersey, automóviles de Washington, New York, Filadelfia, Tampa; las "guaguas" donadas por LA CUBANA desde Miami y hasta desde Canadá llegaron cubanos dispuestos a decirle al mundo que "los cubanos con dignidad no se rinden ni se venden, y ¡lucharemos hasta que nuestra Patria sea nuevamente libre y democrática!

Un despliegue de policías uniformados de la ciudad, el condado y el estado, rodeaban todo el Estadio, principalmente donde había solicitado permiso el Dr. Queral para la demostración del Exilio. Allí, sobre una camioneta se levantó la tribuna. Los re- presentantes Bob Menéndez y Lincoln Díaz Balart hicieron uso de la palabra en español y en inglés.

Queremos destacar el profundo análisis que, en inglés, hizo Bob Menéndez para que los norteamericanos presentes comprendieran el motivo de nuestra protesta. Punto por punto fue señalando los crímenes del castrato, cómo se violan los Derechos Humanos, habiendo sido condenados en Ginebra, por ese motivo, hace pocos días. Les habló en la forma que se explota al cubano, manteniendo una verdadera esclavitud en el sector obrero. Les dijo que "en Cuba no existe la propiedad privada, el único dueño es Fidel Castro". Relató la persecusión a los opositores y los miles de presas y presos políticos que son torturados en las ergástulas castristas. A nosotros se nos hizo el honor de invitarnos a decir unas palabras. Nos dirigimos a los peloteros cubanos diciéndoles que la demostración no era contra ellos: "Ustedes son víctimas, como el resto del Pueblo Cubano, de las órdenes del asesino Fidel Castro. Si en Cuba no estuviera él, Ustedes estarían jugando en las Grandes Ligas y Cuba tendría un team que la estuviera representando porque, antes de 1959, ya estábamos en la Triple A, antesala de las Mayores y muchos cubanos vistieron la franela, con plena libertad, en las Grandes Ligas. Algunos de ellos en el propio team de Baltimore". Continuamos diciendo: "Nuestra protesta es contra Mr. Peter Angelo que, sin recato ni escrúpulo alguno manchó el uniforme de su club y sus manos con la sangre de tantos cubanos inocentes que han sido asesinados por el déspota a quien tanto él celebra, porque lo que pretende es que le alquilen a los jugadores que seleccione para pagar en dólares al tirano y que éste le pague a ustedes en pesos devaluados". Nuestra protesta es contra el comisionado de las Grandes Ligas, Mr. Bud Seling, que se ha prestado para toda esta infamia y, siendo director de este circo el Presidente de este país, Mr. Bill Clinton, que tiene un pretexto para bombardear a Yugoeslavia y, con las mismas causas que existen en esa lejana región, apoya, sin embargo, los juegos con la novena dirigida por el tirano del desgobierno fascista que existe en Cuba". Terminamos diciendo: "Compatriotas: quédense aquí y pidan asilo, que el destierro los protegerá, como ha hecho con todos los que anteriormente se asilaron y ya están jugando en las Grandes Ligas con plena libertad y oportunidades".

Al comenzar el juego (con gran dificultad), muchos pudimos conseguir boletos y entramos al Stadium. Irónicamente, pasamos frente a la estatua del gran Babe Ruth, el niño que de un orfanato llegó a ser estrella de las Grandes Ligas, porque "tenía plena libertad para demostrar sus facultades". Dentro del estadio nos dimos cuenta de que estaba invadido por fidelistas, con el apoyo de la policía, para que no nos dejaran chiflar las malas jugadas o aplaudir las buenas. No habíamos caminado más de diez pasos cuando un miembro de la seguridad del estadio no permitió que José Urda, uno de nuestros acompañantes, entrara con un pullover que tenía una inscripción con letra roja, chorreando sangre". Al preguntarle el motivo explicó que "era insultante, no lo que decía el letrero, sino la sangre"; se le dijo: "es la sangre derramada por los cubanos por nuestra libertad". Sin más palabras nos dijo: "o se la quita o los saco del stadium". Como el interés nuestro era estar dentro para la protesta, Urda entregó la camisa que después del juego le devolvieron. Bajo una llovizna de esas que "no moja, pero fastidia" y un aire frío que calaba los huesos, nos situamos en diferentes puntos. Mientras los "fidelones" tenían buenos asientos y en grupos de no menos de cien cada uno y en lugares estratégicos.

Ya en el cuarto inning, aprovechando una suspensión por la incesante lluvia, Capote y nosotros bajamos desde "la guanajera" hasta el primer nivel, haciéndonos pasar desapercibidos a los que celosamente pedían los boletos para comprobar si correspondían al asiento. Al reanudarse el juego Rodolfo Capote, con la agilidad atlética y el patriotismo que lo invade, saltó un muro de más de siete pies y corrió por el terreno con una bandera cubana orlada con un crespón negro. Llevaba puesto el pullover que nos pusimos todos los de la JUNTA PATRIOTICA CUBANA que por el frente decía: FREEDOM FOR CUBA (¡LIBERTAD PARA CUBA!), y en la espalda: 40 YEARS IS TOO MUCH! (40 AÑOS ES DEMASIADO). A los cinco minutos, más de diez policías, bien fornidos, caían sobre Rodolfo Capote, aunque él no les hizo resistencia. Esposado fue llevado al calabozo que en el Stadium tiene la policía. Según la ley en Baltimore, debía permanecer 24 horas detenido antes de ser puesto en libertad o ratificada su detención. Gracias a las gestiones de José Luis Alvarez, secretario de Bob Menéndez, después de terminado el juego, Capote y los otros tres compatriotas que también hicieron lo mismo, fueron puestos en libertad, no sin antes "ficharlos" y hacerle firmar el compromiso de no volver más por el stadium. Terminados los trámites y cruzar fuertes palabras con sumisos del castrato que salían del juego, nos reunimos los de la J. P. C. para despedirnos del grupo de Washington, con Benedí a la cabeza, de Elizabeth, N.J., comandados por Helibert Hernández, Rufino y Felicia Alvarez, etc., de N.J. Norte con Ricardo Fernández Llosa, José Luis Linares, Fausto Castro, etc.; la Regional de N.Y. estuvo representada por Gerardo García, Urania García, Norberto Abreu y Ana B. Abreu. De los asistentes, M.A.R. (Madres Cubanas contra la Represión), Agenda Cuba, Democracia, Unidad Cubana, Alpha 66 y otro muchos.

Ya en el aeropuerto analizábamos el juego: Conclusión: Los cubanos desterrados tenemos que sentirnos orgullosos de la labor realizada fuera y dentro del estadio. Se ratificaba nuestra denuncia; lo que llamaron "un intercambio deportivo" fue un juego político para favorecer las negociaciones con el fidelato y a Mr. Peter Angelo, Mr. Bud Seiling y a los Orioles les cantaron los tres strikes sin tirarle escon de ponches, en el noveno inning, con tres en base y sin outs. La voz del pueblo de Cuba gritó: STRIKE THREE!

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