Hoy
daré rienda suelta a mi preocupación de hace años, que tomó fuerzas durante mis
33 meses de prisión en Cuba y ha martillado profundamente mi alma, al ser
deportado y llegar a tierras de libertad.
El
exilio cubano en general y en particular los exiliados que sabemos qué queremos
para Cuba y como lograrlo, tenemos una gran responsabilidad con la libertad de
la Patria. De nosotros dependerá, en
gran parte, que el régimen totalitario imperante en Cuba, que atraviesa su peor
crisis política, económica y social no pueda recuperarse.
No
es el momento de hacer historia de la crisis a que hago referencia, ya que es
conocida ampliamente por los cubanos preocupados por el destino de nuestra
Patria.
Bajo
este tétrico panorama, de un sistema agonizante, se movilizan inescrupulosos
oportunistas, unos con intereses políticos y otros económicos, ambos distantes
a la solución de nuestra tragedia. No
quiero incluir, en estas categorías, a algunos bien intencionados, que no
descartan la mas violenta de las tesis con la cual han cooperado en el pasado,
aunque discrepamos en que todos los
caminos son buenos para llegar.
Nosotros
los que conocimos como era la Nación Cubana; los que salimos o vimos salir a un
pueblo para salvarla del comunismo y vimos caer tantos miles de hermanos
nuestros; nosotros que no nos hemos apartado de la lucha constante; nosotros
que sabemos lo que queremos porque vivíamos y vivimos en libertad; nosotros que
no queremos transitar del totalitarismo a la democracia, acompañados por los
verdugos de nuestro pueblo, porque sabemos que no habría justicia, ni
desarrollo económico, ni fortalecimiento de la familia que es la base para una
sociedad estable; somos nosotros los que debemos hermanarnos, olvidando
pequeñeces si existieran, para mandarle un sólido mensaje a ese sufrido pueblo
que le han estando inculcando mañana, tarde y noche que somos mafiosos y también a los gobiernos del mundo que han
empezado a despertar.
Una
y mil declaraciones separadas podremos hacer, que tendrán el mismo mensaje,
pero nunca la fuerza de la mayoría del exilio.
Dejar
correr el tiempo daría mayor oportunidad a un arreglo entre comunistas,
oportunistas e intereses foráneos. Con
nuestras fuerzas, unidas a la de los valores de la verdadera oposición interna
lograremos nuestros ideales.
Agradezcamos
y aceptemos la ayuda desinteresada que quieran o puedan ofrecernos, pero no
esperemos pasiblemente por el regalo de la libertad, ni tampoco por el
pistoletazo de un general patriota que difícilmente aparecerá.
La
Junta Patriótica Cubana que me honro en presidir no busca protagonismo, busca
la hermandad en la lucha que debe comenzar mediante un documento histórico que
nazca de los corazones y las mentes claras que existen dentro de nuestras
organizaciones, el cual todos firmaríamos para avalar dicha declaración de
unión patriótica tan vital en estos momentos.
Esta hermandad, que solamente requiere para su éxito un poco de
desprendimiento, no debe terminar con un documento, debe ser el comienzo para
los golpes definitivos que tenemos que propiciarles a la sangrienta y
destructora tiranía, pues estamos viviendo un momento histórico en la lucha por
la libertad de Cuba, el cual no podemos ni debemos dejar pasar, pues del
resultado depende la libertad de Cuba.
No
estoy proponiendo una sombrilla o coordinadora mas, cada una puede seguir
trabajando como ha venido haciendo hasta estos momentos, pero si expongo la
necesidad de aunar y aumentar el esfuerzo y, por que no decirlo, también la imagen
que ayudará a llegar con la dignidad que nos acompaña, sin descartar la
posibilidad de juntos lograr La Nueva República.
No
olvidemos que para estos nobles propósitos, Dios estará con nosotros.
Ernestino
Abreu Horta
Presidente,
Dirección Internacional
Junta
Patriótica Cubana
10
de Septiembre del 2003